Puede que el concepto de ‘emprendimiento’ esté directamente relacionado al mundo empresarial y de los negocios, sí. Es algo bastante evidente. Pero resulta que el término tiene una flexibilidad tal que puede abarcar más, mucho más. De hecho, hasta se pudiera decir que ‘emprendimiento’ es más que una palabra, y ha pasado a convertirse en un sentimiento.
Ese sentimiento, que engloba creatividad, ambición y perseverancia (entre otros valores), es un tema recurrente en Hollywood y sus producciones. Son muchas las películas que tratan directa o indirectamente la temática y que, por supuesto, sirven de inspiración para todo aquel que se considere a sí mismo un emprendedor.
Un ejemplo claro de sentimiento emprendedor no directamente relacionado con el mundo de los negocios se da en Erin Brockovich, filme protagonizado por Julia Roberts y dirigido por Steven Soderbergh estrenado en el año 2000. Allí, una mujer desesperada y enfrentada a cualquier cantidad de vicisitudes decide cambiar su vida, enfocar un objetivo y luchar contra todo y todos hasta lograrlo.
La estimulante historia de Brockovich, joven mujer desempleada, dos veces divorciada y madre de tres pequeños, comienza cuando sufre un accidente automovilístico y pierde el juicio que inició en contra del culpable. Ya sin nada de dinero, toma la iniciativa y le pide trabajo al abogado de su causa, y comienza a laborar con él.
Una vez asentada en su nuevo empleo, Erin se topa con el expediente de un cliente que capta su atención y decide investigar (con permiso de su jefe). Poco a poco va descubriendo la relación directa entre las enfermedades del cliente y su familia, con la contaminación del agua producida por las perforaciones de Pacific Gas & Electric, una compañía que utiliza técnicas de fractura hidráulica no convencionales en un poblado de California.
Sin ser abogada y únicamente impulsada por su enorme tenacidad y deseo de justicia, Brockovich averigua y revela los engaños que la compañía ha urdido para que los habitantes del lugar no descubran la gigantesca contaminación que afecta a cientos de personas. Su afán y dedicación con la causa le llevan a realizar grandes sacrificios personales, pero ni se rinde ni desmaya en sus intenciones.
Todo lo contrario: Los mil y un esfuerzos rinden sus frutos y Erin gana el caso. El juicio que ella impulsó y encabezó queda registrado en la historia como la mayor indemnización de perjuicios por daño ambiental que un tribunal ha otorgado jamás en los Estados Unidos.
¿Inspirador relato? Vaya que sí… Valga decir que Erin Brockovich es, antes que nada, un largometraje basado en hechos de la vida real. La mujer que da nombre a la película existe, y es dueña de una historia que bien pudiera ser referencia obligada para todos los emprendedores del mundo. ¿Por qué? Por su audacia, atrevimiento, valentía, coraje y constancia, todos elementos vitales a la hora de alcanzar el éxito en cualquier tipo de empresa.
