Es una de las peores noticias que se pueden recibir. Cerca del 90% de las personas que son diagnosticadas de cáncer de páncreas, una glándula de unos 15 centímetro situada tras el estómago, fallecen por culpa de esta dolencia en los siguientes cinco años. No es un tumor muy frecuente –ronda el 2% del total–, pero es muy difícil de detectar, y cuando aparecen los síntomas, suele ser demasiado tarde. Si resulta operable, quizá aún se esté a tiempo de extirpar las células malignas. No obstante, esto sucede solo en uno de cada cinco casos, y de entre los afectados que puedan pasar por el quirófano, apenas un 20 % superará la enfermedad.
Pues bien, ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Washington, en EE. UU, está desarrollando una app para smartphones que podría permitir detectar este mal con solo sacarse un selfi. En esencia, la aplicación, denominada BiliScreen, utiliza la cámara del dispositivo móvil, un software de aprendizaje automático y algoritmos de procesamiento y análisis de imágenes para medir un posible aumento de los niveles de bilirrubina. La acumulación en la sangre de esta sustancia producida por el hígado –el primer órgano al se suelen propagar los tumores de páncreas– suele producir ictericia, que torna amarillentos la piel y los ojos y puede apreciarse en la esclerótica, la parte blanca de estos últimos.
El color amarillento propio de la ictericia es uno de los síntomas iniciales más habituales en los afectados de cáncer pancreático. No obstante, para cuando los enfermos son conscientes de ese cambio de coloración, los niveles de bilirrubina han sobrepasado con creces el límite que se considera de riesgo. En este sentido, los investigadores destacan que la capacidad de detectar este fenómeno incluso cuando aún no son excesivamente elevados y sus efectos no pueden observarse a simple vista mejorará el seguimiento de los casos sospechosos.
En un primer estudio clínico con 70 personas, la app BiliScreen, que se presenta en la conferencia internacional sobre computación ubicua Ubicomp 2017, en Hawái, identificó con un 89,7% de precisión los cuadros de riesgo, en comparación con los análisis de sangre que se utilizan para medir la bilirrubina.