Hay un dilema en boca de todos los emprendedores y empresarios: son los mejores creando oportunidades de negocios y viendo cada vez más alianzas empresariales y, a la vez, son menos buenos administrando sus propias empresas y negocios. ¿Irónico, no?

De hecho, el motor de los emprendedores es la visión más allá de sus narices de descubrir nuevas oportunidades para su crecimiento pero también, y de manera incongruente, a muchos simplemente les aburre tener que lidiar con el día a día de las corporaciones.
La razón es, en primera instancia, simple puesto que muchos gozan de habilidades personales como la visión del negocio, el conocimiento de las necesidades de los potenciales clientes y la energía que surge a la hora de innovar.
Sin embargo, las habilidades de manejar, controlar y liderar una empresa difieren a las que tiene innatas un empresario y, curiosamente, son las que más necesarias para afianzar su crecimiento empresarial.

Lo primero a tener en consideración es que todo inicio es doloroso porque implica una inversión notable en recursos, nuevas capacidades y riesgos. Por ello, siempre tendrás que preguntarte lo siguiente: ¿cuál es su estrategia de crecimiento?
Además, determinar cuál es la estrategia financiera para avalar la estrategia y los costos que esto conlleva, sabiendo que no tomar decisiones acertadas en el presente reportará altos riesgos en el futuro.
El crecimiento de una compañía va de la mano con los mercados en los que queremos dejar huella, cuáles productos queremos tener o sean la base de captación de clientes. En este sentido, es indispensable tomar otras decisiones con respecto al capital, la estructura de la propiedad y la situación del mercado actual.