
A veces pasa que las personas que quieren ser partícipes de un acto de conservacionismo tan loable como el reciclaje terminan por no hacerlo gracias a la falta de incentivos o motivación. Eso, por supuesto, está mal. Y no por las personas, no, sino por los encargados de generar precisamente las herramientas necesarias para ello.
Es por eso que Henry Camino, director de Fospuca, habla en una reciente nota en su página web de las buenas intenciones y de cómo, a veces, ellas no son suficientes. ¿La razón? Lo dicho, debe existir un marco legal que genere incentivos suficientes para que el acto de reciclar se generalice, amén de sanciones para aquellos que no lo hagan.
Suena imperativo, pero es que así debe ser. Estos tipos de marcos legales deben consentir obtener recursos necesarios para que sean destinados para toda la infraestructura que eventualmente permitirá recolectar, almacenar, transportar y, finalmente, reciclar todos los materiales que se obtengan.
Eso, obvio, hablando estrictamente de iniciativas públicas. ¿Qué hay de las privadas? En esos casos, lo fundamental sería trabajar brindando educación y poniendo el ejemplo positivo. Suena simple, pero estos dos aspectos en sí mismos pueden enseñar mucho a cualquier persona los enormes beneficios del reciclaje.
¿Es un trabajo sencillo? ¡Por supuesto que no! Henry Camino así lo expresa, y explica que lo más difícil siempre es dar ese primer paso. Dice el experto que habrá lugares donde reciclar se hará tanto más fácil como más difícil, y que ese es precisamente el reto, uno que todos debemos asumir por nuestro propio bien y por el del planeta.