En los tipos de emprendimiento sociales que existen predomina un nivel alto de conciencia social. Lo cierto es que se pueden percibir diferencias notables entre las distintas clases de emprendimientos sociales. Estos son los tipos que más se pueden encontrar:
Emprendimiento profesional
En este primer caso incluimos a los expertos que dedican sus conocimientos y capacidades a la resolución de una carencia o problemática en una comunidad. Pueden ser parte de un emprendimiento propio, de una organización o incluso de un proyecto privado; lo que los distingue es su aptitud.

Por ejemplo, podemos hablar de una psicopedagoga que ofrece actividades para niños y jóvenes de un barrio carenciado, o una organización o compañía que dispone de un profesional en higiene para que brinde charlas de capacitación en escuelas y entidades públicas.
Emprendimiento de concienciación
De seguro te topas más a menudo con ellos de lo que crees. Estos emprendimientos están conformados por personas con ideales muy firmes, quienes buscan convencer y persuadir a los demás de sus argumentos para que cambien una determinada conducta o estilo de vida.
Aquí podríamos citar como ejemplo a los grupos ambientalistas, quienes no pretenden (mayoritariamente) vender un bien o un servicio, sino que buscan impulsar un cambio para mejorar la sustentabilidad de los recursos y la calidad de vida en el planeta.
Emprendimiento social que nace de un privado
Cuando una compañía de refrescos decide hacer un descuento a sus clientes por llevar un envase ya utilizado para reciclarlo posteriormente, estamos en presencia de un emprendimiento social de este tercer tipo.
Lo característico aquí es que una empresa se dedica a hacer un bien de modo directo a la sociedad, pero no necesariamente sus empleados o clientes deben compartirlo. Ellos son simplemente actores “secundarios” del proceso, puesto que podrían incluso no estar de acuerdo o no interesarse por la acción social que sus empleadores promueven.
Entonces, no se pretende convencer, sino que se le ofrece un beneficio a alguien para que aporte a la causa. Lo mismo ocurre con los trabajadores que participen en la producción: lo que se busca de ellos es eficacia para cumplir objetivos. Claro está, se necesita un equilibrio; cuanto más fuerte es el impacto social, más disminuye el rédito financiero.
Emprendimiento dependiente de un modelo corporativo
En este tipo de emprendimiento social, no es dicha organización la que se encarga de producir sus propios recursos y al mismo tiempo beneficiar a la comunidad, sino que recibe aportes de una empresa, a modo de padrinazgo.
Sería el caso, por ejemplo, de una multinacional de comida rápida que asesora y financia a una organización sin fines de lucro para la construcción de viviendas en zonas de bajos recursos.
En este proceso, la finalidad de la entidad no es otra que la ganancia económica, mientras que el fin social se cumple a través de la colaboración con una segunda parte involucrada en el proceso. Es un modelo que se ve con mucha asiduidad hoy en día.
