
Con fines de utilizar las impresoras 3D para propósitos médicos y biotecnológicos, se desarrolló un tinta con baterías, a través de la aplicación de hidrogeles, y así crear estructuras bioquímicas, que pueden emplearse también como detectores de toxinas en el agua, o como filtros en derrames de petróleo.
La innovación corrió de parte de investigadores de la Escuela Politécnica Federal (ETH) de la ciudad Zúrich, Suiza, según indicó un estudio difundido en la revista estadounidense Science Advances. El método consiste en introducir la cantidad de bacterias deseada a los hidrogeles, tomando en cuanta el propósito de la impresión, así lo explicó el jefe del Laboratorio de Materiales Complejos de la ETH, André Studart.

Por su parte, el nombre científico proporcionado a la cinta fue «flink», cuya traducción sería «tinta viva funcional». Aunque según sus creadores, no se han estudiado todavía el tiempo de vida de las bacterias luego de efectuarse la estructura, especulando que pueden sobrevivir durante «mucho tiempo», debido a que los organismos no requieren muchos recursos.
