Si niegas esta teoría, mientes: la crítica molesta. Sin embargo, es necesaria si queremos ser mejores en todo lo que hacemos. Está claro que no sirve cualquier crítica ni esta porque algunas son hechas de manera inadecuada.

Hay formas que son nocivas. Otras, son constructivas y ayudan a crecer. Veamos qué debemos hacer para que las críticas constructivas funcionen en un equipo y cuál es el precio de anularlas.
1) Apuntan al contenido y no a la persona. Cuando se emite un comentario, busca evitar dañar al autor. Debemos centrarnos en la forma, no en el fondo. Si no, quien recibe el comentario lo interpretará un ataque y tendrá razones de sobra para estar molesto.
2) La forma es vital. No se pueden hacer críticas fuera de tono, bien sea jocosa o sarcástica. Es decir, debemos tener mucha mano izquierda para exponer un comentario y no herir en el intento.

3) No es necesario dar la solución. Existe posibilidades de que alguien vea un problema en el que nadie había reparado antes, pero que no sabe cuál la forma de resolverlo. No obstante, su opinión es muy valiosa porque nos advierte del inconveniente y hará ganar tiempo para hallar la solución.
4) Quien hace una crítica debe saber de qué habla. No hablar sobre un tema que no se maneja es preponderante. El mero hecho de decir cualquier cosa, como pasa muchas veces en las empresas o redes sociales, hace que el comentario carezca de fundamento y saque de quicio a la persona a la que va dirigida.
5) De crítica a queja la línea es muy delgada. No hay queja que no genere acciones. Sin embargo, la crítica es el principal motor para ponerse manos a la obra para buscar soluciones.