Muchos de los sectores productivos realizan actividades que requieren de un equipo de protección adecuado para que sus trabajadores permanezcan seguros durante la jornada laboral ya que su utilización asegura su integridad física y reduce los accidentes laborales, generando así, ausentismo laboral. Dentro del equipo de protección individual tenemos una pieza fundamental e indispensable como lo es el casco de seguridad, el cual está diseñado para proteger la cabeza de agresiones como: Caídas, contactos eléctricos y choques contra objetos fijos.
El casco de seguridad se emplea para evitar riesgos que no pueden impedirse utilizando medios de protección colectivos o poniendo en marcha procedimientos propios de la organización del trabajo. Toda empresa como parte de su Responsabilidad Social Empresarial, debe analizar los riesgos laborales, tomando en cuenta el origen y forma de esos peligros ya sea por caídas de objetos pesados, exposiciones a condiciones tanto de frío como de calor, contactos con elementos de tensión que puedan producir choques eléctricos, entre otros.

Estos riesgos deben analizarse lo más rigurosamente posible, para así, determinar que casco de protección es el más adecuado para garantizar que todo el personal efectué sus labores lo más seguro posible en sus puestos de trabajo. La elección de este elemento requiere de un conocimiento amplio del entorno laboral, para eso se debe contar con un personal capacitado, el cual integre a los trabajadores en la escogencia del casco idóneo para ejecutar las tareas asignadas.
Las empresas también evaluaran las demandas que generan cada área, en materia de posibles causantes de accidentes laborales, por eso es fundamental que los cascos de seguridad cumplan las siguientes características:
1.- Debe tener una estructura exterior fuerte que permita resistir deformaciones y perforaciones.
2.- Poseer un arnés colocado a una distancia de separación entre 40 a 50 milímetros de su parte superior y hasta el armazón. Debe ser flexible y permeable, no causar irritación ni lesión.
3.- Tener una banda de cabeza ajustable que se sujeta al revestimiento interior, la cual permite un acomodo sólido y seguro, además de evitar el deslizamiento del casco y limite el campo de visión.
4.- Que no supere los 400 gramos de peso.
5.- Es necesario que la piel o cobertura que tiene el casco sea de cuero, para así, permitir la absorción del sudor y evitar irritaciones en la piel. Se aconseja cambiar esta pieza varias veces durante la vida útil del casco.

6.- Debe evitarse barboquejos (banda que se acopla bajo la barbilla para ayudar a sujetar el casco sobre la cabeza), puesto que podría ser una fuente adicional de riesgo.
7.- La estructura del casco puede llevar orificios de ventilación, siempre y cuando no exista ningún peligro de contactos con elementos que puedan ocasionar daños.
8.- Hay cascos que vienen equipados con protección para ojos y cara, las cuales son elaboradas de plástico, malla metálica y/o filtros ópticos.
9.- Pueden contener también protectores para los oídos, cuello y barbilla, de igual manera, vienen equipados con capuchas de la lana para abrigarse del frio y viento. Otros poseen iluminación, sobre todo en aquellos trabajos en minas y canteras.
10.- En aquellas actividades donde haya peligro de aplastamiento, los cascos de protección deben ser de poliéster o policarbonato reforzado con fibra de vidrio.
11.- Debe adaptarse muy bien a la forma del cráneo y para ello cuenta con un armazón resistente que impide que la cabeza tenga contacto con objetos o golpes.
Si el casco presenta algunas hendiduras, grietas, deterioro del arnés o indicios de envejecimiento, se debe dejar de usar, de igual manera, si ha estado en contacto con golpes fuertes y no presenta signos evidentes de algún daño, debe cambiarse inmediatamente.
Se ha demostrado que la adecuada elección de los cascos de protección reduce considerablemente los accidentes laborales y por ende la productividad empresarial es mayor.