
El consumidor está saturado de marcas, es una realidad. Por ello, cada vez es más difícil encontrar la diferenciación, creando experiencias memorables. Parece que el panorama de las marcas no dejará de hincharse durante los próximos años, así que es mejor fijarse en lo que no va a cambiar: la psicología humana y los principios que están detrás de la interacción diaria con las marcas.
Los humanos toman decisiones basadas en su intuición, en sus emociones y en la conexión que sienten con un producto, con una persona, con unos valores o con una visión. Sí, la lógica también existe, así como las listas de pros y contras antes de decidirse por algo. Pero según muchos estudios, incluido uno de George Loewenstein, el 90% de las decisiones humanas se basan en emociones.
Por ejemplo, a la hora de adquirir un smartphone, los consumidores quieren que se les simplifique la vida (con tecnologías como el reconocimiento facial), capturar sus recuerdos familiares (prestando especial atención a la cámara) y reducir sus preocupaciones (con características como la resistencia al agua o al polvo).
Para aprovechar todo esto, lo mejor es echar un vistazo a los productos y servicios que ofrece y pensar en las emociones que evocan. Si puede comprender los sentimientos que llevan a los consumidores a tomar decisiones de compra, puede cultivar una estrategia de engagement que utilice las emociones colectivas para crear patrones de compra.