Fatuma Abdulkadir Adan, la mujer que venció la guerra con el futbol

De niña, caminaba dos kilómetros de la mano de su padre para llegar al pueblo más cercano a ver algún partido del Mundial de Fútbol en el único televisor que había.

Fatuma Abdulkadir Adan cargaba el peso de ser mujer en un país donde es raro que los hombres tengan solo una esposa –lo común son tres o cuatro–, donde las niñas, cuando llegan a los 12 o 13 años, son obligadas a casarse y donde la mutilación genital es una tradición.

Fatuma logró terminar primaria, algo que muchas mujeres no consiguen porque a esa edad están embarazadas o casadas.

Para cursar bachillerato viajaba dos días, y siempre que salía escuchaba el mismo comentario: “No lo va a lograr”. Pero su empeño la llevó a ocupar un lugar entre los tres mejores estudiantes de su clase.

Su papá, maestro de escuela, soñó con verla en la universidad y por eso siempre la acompañó en ese viaje, que tardaba cuatro días, desde Marsabit hasta el valle de Rift, en el sur de Kenia. De no haber sido así, la habrían secuestrado para casarla con algún hombre.

Después de todo ese esfuerzo para lograr su formación académica, en el 2003 creó una organización para ayudar jurídicamente, de manera gratuita, a la gente de su región. La llamó Iniciativa para el Desarrollo del Cuerno de África.

Su proyecto involucró el fútbol, lo que para su gente era como ir a la guerra. Pero Fatuma les habló de fútbol para la paz, a pesar de que en ese territorio nadie creía en ella. Sacó del juego las tarjetas que castigan a los jugadores y las cambió por otras que premian el juego limpio. Y trajo a las mujeres a la cancha.

Su labor, que ha impactado a cerca de 6.000 personas, la llevó a ser candidata al Nobel de Paz en el 2005, y hoy recorre el mundo compartiendo su experiencia.

Nota cortesía de la Fundación “A Favor de la Mujer”, dirigida por Mariana Flores Melo

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