
El mundo de la tecnología ha avanzado, en los últimos años, a pasos tan agigantados que le ha permitido a la humanidad evolucionar a un ritmo impresionante. Sin embargo, tal avance está trayendo una consecuencia no muy conocida ni muy amigable, y es la que tiene que ver con el daño indirecto que se le está haciendo al medio ambiente.
¿Cómo puede ser eso? Simple: El material tecnológico, por su proceso natural de desarrollo, hace que lo que es hoy una novedad mañana no lo sea más y se deseche. Esos desperdicios se convierten en basura que, por lo general, no es tratada de la forma más correcta ni mucho menos reaprovechada en forma de reciclaje, y genera contaminación.
Y, al ser desechos de material tecnológico, suelen venir en mayores cantidades y ser mucho más perjudiciales para el medio ambiente que los desperdicios tradicionales de otras épocas. Henry Camino, director de Fospuca y conocedor de la materia, asegura que acá se habla de baterías, productos de plásticos y metales, además de componentes electrónicos, todos altamente tóxicos si no son tratados como se debe.
¿Por qué se genera tanta basura tecnológica? Porque el acceso a todos estos dispositivos se ha visto universalizado en todos los sentidos (especialmente el económico), y porque todo componente tecnológico está especialmente diseñado para durar un espacio de tiempo determinado, obligando a los consumidores a botarlo y adquirir otro nuevo de forma constante.
No obstante, Henry Camino asevera que, a pesar de todo eso, el problema puede tener solución si, como se dijo antes, las empresas y compañías tecnológicas se dedican a hacer más eficientes los procesos de producción y reciclan más y mejor los desechos. También, obviamente, las mismas personas deben hacer su parte, usando conscientemente este tipo de productos y, en caso de morir sus vidas útiles, darles otras funciones o colocarlos en lugares debidos para que sean tratados de forma profesional y no generen contaminación.