• Mar. Abr 21st, 2026

Del cero al infinito: los peligros de crecer demasiado deprisa

La mayoría de los emprendedores inicia su trayectoria desde cero, creando un pequeño negocio, en el que ejercen el papel de jefes y empleados a la vez. Pero algunos de estos negocios adquieren, en poco tiempo, una dimensión que ni su propio impulsor tenía prevista. Así, la empresa se convierte en un complejo entramado, en el que las diferentes áreas de gestión poco tienen que ver con los rudimentarios inicios. ¿Cómo afrontar entonces estos cambios?

Cuando alguien pone en marcha una empresa, habitualmente él mismo toma todas las decisiones y realiza la mayoría de las tareas. Posteriormente, en la etapa empresarial de crecimiento inicial, el emprendedor está en una etapa de la gestión en la que empieza a delegar y fija la dirección general de la empresa.

Más tarde, cuando se produce un crecimiento rápido, se apresura a formar equipos directivos y se centra mucho más en tareas que tienen que ver con la planificación y la comunicación. En una cuarta fase, cuando se produce un crecimiento continuo, la actuación debe centrarse más en la estrategia, en impulsar la innovación y en la cultura empresarial, así como en fomentar la cohesión de su equipo.

Sin embargo, cuando la empresa experimenta un rápido crecimiento y lo hace en relativamente poco tiempo, no siempre resulta fácil diferenciar las fases anteriormente descrita y es frecuente que se produzcan algunos errores de estrategia, así como de gestión y planificación. Por ejemplo, en el primer ámbito nos podemos encontrar con un inadecuado enfoque del público objetivo (target), una mala gestión de las relaciones con los proveedores y clientes o una falta de previsión.

En el segundo ámbito, puede darse una falta de preparación, ignorancia financiera o una mala previsión de RRHH. En la tercera, puede producirse un endeudamiento excesivo, una incorrecta inversión, una falta de previsión o un mal análisis de costes.

A medida que las empresas van adquiriendo una mayor dimensión, aumenta el grado de complejidad en su gestión. Esto implica que el emprendedor, que desde la constitución de la empresa estaba acostumbrado a tomar todas las decisiones y a realizar todas las tareas, debe asumir una función más estratégica, lo cual supone tener que delegar gran parte de las tareas.

Convertirse en planificador. Muchos emprendedores suelen ser muy reacios a delegar funciones, ya que consideran que pierden el control de la empresa. Esto tiene como consecuencia una pérdida en la eficacia de la gestión, ya que siguen inmersos en la gestión diaria, lo cual les impide realizar las tareas de planificación a medio y largo plazo.

Confía en tus colaboradores. Es inevitable abrir la toma de decisiones a más personas. A medida que la organización va creciendo, se crean unidades de negocio, nuevos departamentos, y eso provoca que, inevitablemente, participen más personas en un proceso de decisión.

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